Las heridas del alma parte 2

Actualizado: ago 27

¡Hola!

En el post de la semana pasada, analizamos tres heridas del alma y sus respectivas máscaras: el rechazo, la humillación y el abandono. A continuación, analizaremos las otras dos que dejamos pendientes.

La cuarta herida del alma es la de la injusticia. Aquí, la vivencia que hay detrás es cuando el niño o la niña sintió que l@ trataron injustamente; tuvo padres que l@ criticaron mucho, que fueron muy autoritarios, que no le reconocían su valor, no le dijeron cosas positivas verbalmente, por lo que se puso la máscara del “rígido”. Son personas perfeccionistas, son muy precisos, te corrigen todo, siempre hablan de justicia, no atienden a sus necesidades, terminan siendo injustos con ellos mismos y terminan haciendo lo mismo de lo que están huyendo. En este caso, de manera inconsciente, estas personas son muy duras consigo mismas, todo el tiempo se están criticando internamente y se exigen continuamente poniéndose muchas responsabilidades para demostrar que sí pueden hacer las cosas bien y de manera justa; buscan el reconocimiento de los demás todo el tiempo porque no lo tuvieron en su infancia. Para poder ir quitándose esta máscara, las personas deben ser menos exigentes consigo mismas, quitarse responsabilidades, trabajar en su autoestima, buscar la comunicación y hablar de sus sentimientos. Normalmente, son personas poco comunicativas, por lo que tienen que tratar de abrirse, expresarse y descansar; dejar de buscar el reconocimiento de los demás.

La quinta herida es la de la traición. Se produce en la infancia cuando no pudimos controlar algo o si ha habido una falta de responsabilidad por parte de los padres; quizá el padre prometía cosas y no las cumplía. Entonces, surge el miedo a confiar, hay una falta de ética, o nos sentimos traicionados porque una persona muy allegada a nosotros, nos hizo algo que nos lastimó, o éramos el único hijo o hija y, de repente, llegó un hermano a nuestra vida, o alguno de nuestros padres se fue y formaron otra familia y nos sentimos traicionados. Son personas que se ponen la máscara del “controlador”: “yo puedo más”, “yo puedo con todo”. Bloquean la intuición (te invito a que leas el post Escucha tu corazón), quieren controlar y todo el tiempo quieren demostrar que sí son responsables, que sí se puede confiar en ellos; quieren demostrarse que sí pueden hacer lo que sus padres no han podido hacer; no confían en los demás, son personas muy inteligentes, cultas, que buscan tener puestos altos; buscan controlar a los demás, son muy organizadores, su reputación es muy importante, y les importa mucho lo que pensarán de él o ella. Para poder dejar de usar esta máscara, la persona tiene que aprender a soltar, a no querer controlar todo, a darse sus tiempos, dejarse fluir y perdonar.

Muchas veces, todas estas creencias que nos hemos hecho en la infancia, sí son reales, es decir, las situaciones sí pasaron y la herida ahí está. Pueden ser heridas muy profundas o más superficiales. En algunas ocasiones, esas heridas se formaron en nuestra psique de niños por cómo interpretamos o vivimos la situación en ese momento. Por ejemplo, el quedarse con los abuelos realmente no es que los padres abandonaran al hijo, pero el hijo así lo percibió. El punto es, ya en la edad adulta, poder hacernos conscientes de la herida o heridas que tenemos dentro de nosotros, qué “creencias” cargamos, de dónde vienen, por qué reaccioné de cierta manera ante una situación y, como les comentaba, muchas de las heridas vienen de otras generaciones, entonces quitárnoslas, no nos corresponden a nosotros, no es una herida nuestra; algunas veces, puede ser sólo un patrón que estamos siguiendo de nuestros padres. Por ejemplo, si la madre fue víctima toda la vida, puede ser que la hija siga ese patrón. Por eso es importante identificar de dónde viene.


También creo importante aclarar que las máscaras no las usamos en todas las áreas de nuestra vida; podemos usarlas en nuestras relaciones, pero no en el trabajo, o usar unas con la familia y otras con los amigos. Lo ideal es tratar de salir de estos roles y, poco a poco, dejar de usar estas máscaras. Por ejemplo, si estamos en una relación donde no somos felices, donde no nos sentimos correspondidos o no queremos hacer o estar en un lugar, pero tenemos puesta la máscara del masoquista, entonces, ¿qué pasa? Estamos en una situación que nos está dañando o donde no estamos felices y lo estamos consintiendo. ¿Por qué? Porque no somos conscientes de que estamos usando esa máscara, no analizamos de dónde vienen nuestras decisiones; estamos con la creencia de “yo no merezco” y por eso sigo ahí. Al hacerlo consciente, entonces sí podemos observar la situación desde afuera y poder analizar qué voy a hacer con esta situación. Por otro lado, también nos ayuda a hacer consciencia lo que les comentaba antes; quizá usamos la máscara de la dependencia porque, en la infancia, nos dejaron con algún familiar en su casa y no queríamos, pero podemos analizar y darnos cuenta de que realmente no nos abandonaron los padres, simplemente ellos tomaron unas vacaciones o estaban enfermos y así poder sanar, desde el adulto, y darle la vuelta a la hoja con ese tema. Sé que se lee fácil, pero es todo un trabajo interior el que se necesita, pero con intención y ganas de sanar, créanme que, poco a poco, sentirás cómo vas sanando. Por supuesto, si nos acercamos con los expertos (psicólogos, terapeutas), puede ayudar mucho y acelerar el proceso.

Las máscaras también están relacionadas con el cuerpo físico; dependiendo de la máscara que estamos utilizando, se conecta con uno de nuestros 7 centros energéticos (algunos los conocen como chakras) y se da un padecimiento físico. Por ejemplo, el que utiliza la máscara del rígido, muchas veces tiene dolencias en sus hombros, en la espalda alta, alrededor del cuello y le duelen las articulaciones; es por todo el peso que está cargando. Recuerden que todo nuestro cuerpo está conectado y, lo que sentimos emocionalmente y lo que pensamos con la mente, el cuerpo lo va a expresar de alguna manera como un padecimiento, un dolor o una enfermedad. Otro ejemplo es en el caso de las personas que utilizan la máscara del controlador, quienes sufren de muchos dolores de cabeza, les duelen los ojos y, al querer controlar todo, viven muy estresados. ¿Te das cuenta de lo importante que es hacernos conscientes de nuestras heridas?

Las máscaras que nos pongamos, que vienen de una interpretación subjetiva u objetiva de la realidad, tienen heridas detrás y, lo primero, es aprender a perdonarnos para poder transformarnos y sanar; es necesario dejar a un lado el ego, dejar de hacerle caso a nuestros pensamientos que nos dicen “no puedes”, “no valgo”, “no mereces”, “no puedo amar”, “yo puedo con todo”, “no puedo confiar en los demás”…. Recuerda que no eres tus pensamientos; que tu mente no te controle y, paso a paso, con acciones, con pequeños pasos, trata de ir analizando: ¿con cuáles de estas máscaras me identifico? ¿Qué máscaras utilizo cuando estoy con mi familia? ¿Por qué no me atrevo a dar el paso que necesito? ¿Por qué siento miedo a estar solo? ¿Por qué sigo en una situación que no me hace feliz? Poco a poco puedes ir desmenuzando, analizando y observando cómo actúas ante la vida, qué hay detrás de esas reacciones, e ir dando pequeños pasos, ir trabajando con cada una de esas heridas. Todas las heridas se pueden curar, pero depende de nosotros el querer hacerlo, de nadie más. Para los que somos padres, algo muy importante: si tienen hijos muy pequeños (de 0 a 5 años) se debe cuidar mucho su autoestima y, si ya son más grandes, hay que romper las cargas energéticas y los patrones para no pasárselos a nuestros hijos.

Te invito a que te hagas las preguntas que escribí arriba, que hagas un análisis, una introspección, que puedas identificar qué máscaras son las que comúnmente utilizas, que puedas conocer qué heridas del alma están detrás de esas máscaras y cómo puedes irlas trabajando; te prometo que, una vez que empieces a trabajar en tu interior y en sanar esas heridas, se te abrirá todo un abanico de oportunidades para crecer en tu inteligencia emocional.

Espero que este post te sea de mucha ayuda. La información ya la tienes. Si deseas profundizar más en el tema, te recomiendo el libro Las 5 heridas que impiden ser uno mismo de Lise Bourbeau.

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