La vulnerabilidad, ¿una debilidad o una fortaleza?

Actualizado: ago 27

¡Hola!


En este post quiero hablarles sobre la vulnerabilidad. Creo que muchos podemos pensar que ser vulnerables es algo malo porque lo relacionamos con debilidad y siempre la tratamos de esconder, de insensibilizar, pero al hacerlo también insensibilizamos otros sentimientos buenos como la dicha, el gozo y la felicidad, y eso nos hace sentir miserables, volviéndose un círculo vicioso y peligroso porque nunca salimos de ahí.


Muchas veces podemos relacionar la vulnerabilidad con la vergüenza y el miedo a perder nuestra dignidad, pero si logramos conectar desde el corazón con el otro (alguien más), puede nacer la dicha, la compasión y la empatía.


La vulnerabilidad no se basa en conocer la victoria o la derrota, sino en comprender la necesidad de ambas. Cuántas veces, por esperar a ser perfectos, por miedo al fracaso, o enfrentar una situación, o salir lastimados por los juicios y las críticas, sacrificamos relaciones y oportunidades que quizá sean irrecuperables.


Debemos conectarnos con nuestra vulnerabilidad y salir al ruedo; ningún humano es perfecto y si nos sacudimos el miedo, muchas veces nos podemos sorprender de los resultados.


Debemos de ver la vulnerabilidad como algo bueno y necesario; tenemos que dejarnos ver, dejar que nos vean, animarnos a dar el primer paso, aunque no haya garantías y nos puedan lastimar, porque de eso se trata la vida: de sentir y de buscar. Estamos preparados para luchar y sobreponernos, por eso es importante ser auténticos, reales, practicar la gratitud y la dicha, por más de que nos sintamos vulnerables; eso es lo que somos los seres humanos y lo que nos hace ser como somos.


Además, es importante empezar por nosotros mismos y siempre sentirnos “suficiente” para hacer, decir y actuar, porque entonces somos amables y considerados con nosotros mismos y, de esta manera, podemos serlo con todos los demás. Reconocernos imperfectos, aceptarlo y tomarlo como algo bueno, es un aprendizaje constante y, vivamos lo que vivamos, siempre será para crecer si así lo queremos, si lo vemos desde esa perspectiva y con esa actitud. En esta vida creo que, desde el primer día hasta el último momento, estamos aprendiendo; que cada vivencia sea para enriquecernos, aunque no sea algo bueno, porque el dolor también nos sirve para crecer, fortalecernos, tomar vuelo, ser introspectivos, y darnos cuenta y valorar lo bueno que tenemos.


Es importante sentirnos conectados con los demás, con nuestro alrededor; fomentar un sentido de dignidad, sentirnos dignos de recibir amor, de pertenecer, tener coraje de ser imperfectos, aceptarnos tal cual somos y así lograremos la conexión con los demás.


Tenemos que ser capaces de renunciar a quienes pensamos que debemos ser, para ser lo que somos.


Pensar menos, sentir más.




Brené Brown comenta en su libro “El poder de ser vulnerable” las características que poseen las personas que se consideran dignas, que no tienen miedo a sentir vergüenza. Ella las llama “personas genuinas”:


1. Cultivan la autenticidad, descartan lo que piensen los demás.

2. Cultivan la autocompasión, descartan el perfeccionismo.

3. Cultivan un espíritu resiliente, descartan la impotencia y la indiferencia.

4. Cultivan la gratitud y la dicha, descartan la escasez y el miedo a la obscuridad.

5. Cultivan la intuición y confían en la fe, descartan la necesidad de certezas.

6. Cultivan la creatividad, descartan la comparación.

7. Cultivan la diversión y el descanso, descartan el agotamiento como símbolo de estatus social y la productividad como medio para valorar el mérito propio.

8. Cultivan la calma y la quietud, descartan la ansiedad como estilo de vida.

9. Cultivan un trabajo que tenga sentido, descartan las dudas sobre uno mismo y el “se supone que”.

10. Cultivan la risa, el canto y la danza, descartan ser una persona formal y controlarse siempre.


Vivir genuinamente implica vivir con dignidad, cultivar el coraje, la compasión y la conexión para que, al levantarnos por la mañana, pensemos: no importa todo lo que voy a hacer hoy y lo que quedará por hacer, soy suficiente; significa acostarnos por la noche y pensar que sí soy imperfect@ y vulnerable y que, a veces, tengo miedo, pero eso no cambia la verdad de que también soy valiente y dign@ de ser amad@ y de sentirme integrad@.


“COMPARTIR TU DEBILIDAD ES HACERTE VULNERABLE, HACERTE VULNERABLE ES MOSTRAR TU FUERZA” CRISS JAMI


En la vulnerabilidad está nuestra fortaleza, al aceptarnos imperfectos, enfrentar nuestros miedos y mostrarnos al mundo tal cual somos, podemos lograr una conexión más profunda en nuestras relaciones con nuestra pareja, familiares, amigos y colaboradores porque nos quitamos las caretas y podemos relacionarnos desde nuestra verdadera esencia.


Te invito a ir soltando las capas, a decidir ir quitando las máscaras que nos ponemos para que no toquen nuestras heridas, para que no conozcan nuestros miedos. Te invito a ser tú, a permitirte ser tal cual eres, salirnos de los juicios, de las polaridades, de lo bueno y lo malo… simplemente ser, mostrar nuestros miedos, decirlos y aceptarlos. En la medida en que nos vamos liberando y nos abrimos al mundo, nos volvemos inmunes al exterior, porque éste va perdiendo fuerza, ya no nos importa lo que piensen los demás, ¡da igual! Cuando ya no tenemos nada que perder, fluimos y actuamos desde nuestra esencia, normalmente, los resultados son muy buenos: me voy fortaleciendo desde mi interior y, de esta manera, ya no me decepcionan los demás, porque ya no espero nada de nadie, ya no le doy ese poder a los demás, ese poder lo tengo yo.


Retomemos de la infancia la espontaneidad. Los niñ@s dicen las cosas que piensan y sienten, preguntan si algo no entienden, no se ponen a pensar “¿qué va a decir el otro si le digo esto?” O “tengo que guardar una imagen”, o “no puedo preguntar porque no vayan a pensar los demás que soy menso”. Esto no pasa por la cabeza de un niño porque ellos no están esperando cierta reacción de los demás; ellos actúan de manera espontánea y, de la misma manera, ven qué pasa sin adelantarse o hacer toda una historia en sus cabezas, que los adultos sí nos hacemos.


Busquemos la libertad de ser uno mismo, tenemos que saber que no somos nuestros miedos, no somos nuestras heridas, no somos esas etiquetas que quizá nos pusieron de niñ@s. Si somos conscientes cuando nos enganchamos con algún comentario, de dónde viene la herida y a dónde nos lleva, entonces podemos detenernos, hacerlo consciente y poco a poco podremos irnos enganchando menos con el exterior; podremos ir soltando y aligerando nuestro camino.


“La acción es desde mi presente, la reacción es desde mi pasado”.


Arriésgate y confía.


Gracias por ser parte de mi sueño!

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