La culpa

¡Hola!

Creo que todos, en algún momento de nuestra vida, nos hemos sentido culpables por haber hecho, dicho o permitido algo.

La culpa es una emoción que emerge cuando sientes que no has cumplido con el deber que tenías que cumplir, que no has sido congruente con tus valores; hay una voz interior que te dice que lo adecuado era determinado comportamiento y has hecho lo contrario: has dicho algo que no tenías que decir, has ido en contra de lo que tu mente te dice que era la correcto y, por lo tanto, te sientes mal por dentro.

La culpa, etimológicamente, significa falta. Para que surja la culpa, tiene que existir una ley que dicte que eso está mal. Esa ley puede ser una ley social, moral o una ley externa, pero también hay leyes internas que condicionan la culpa. En general, hay tres categorías de culpa: la culpa legal, la psicológica y la moral o religiosa.

Quiero enfocarme en la culpa psicológica. Este tipo de culpa, se genera dentro de nosotros; es interna. Normalmente, todo el tiempo nos sentimos mal, con desasosiego, fracasados… la culpa está trabajando dentro de nosotros y puede estar muy relacionada a que nuestra autoestima no está bien plantada; quizá, de niños, nos repitieron muchas veces que no éramos buenos en algo o no llenábamos las expectativas que tenían nuestros padres sobre nosotros y, entonces, cargamos con ese sentimiento de culpa desde niños. Nunca vamos a estar a la altura de las expectativas de los demás. En lugar de ver una situación con culpa, podemos verla con responsabilidad, es decir, si siento culpa porque pienso que no he sido una excelente madre, en lugar de pensarlo y sólo quedarme con la culpa, puedo aceptar que me equivoqué y que es mi responsabilidad ser una buena madre y, entonces, actuar en consecuencia, sabiendo que, seguramente, en el futuro, me volveré a equivocar en algo más y ¡no pasa nada! Lo importante es estar conscientes de nuestras acciones y no juzgarnos tan fuerte.

Por otro lado, hay ocasiones en las que cargamos con una culpa que no es nuestra. Por ejemplo, un niño que se educó dentro de una familia donde existían muchos conflictos y peleas, puede culparse, desde muy pequeño, por las reacciones de sus padres, por la falta de amor de sus padres, incluso puede sentirse culpable por la separación de sus padres y, entonces, piensa que él es el problema, porque busca una solución al problema, una razón del porqué pasan las cosas, entonces es más fácil que el hijo se culpe a sí mismo para encontrar las respuestas. De adulto, quizá siga con el mismo rol cargando la culpa, hasta que se dé cuenta que los responsables de lo que pasó cuando era niño, fueron sus padres y que él no podía haber hecho nada al respecto; no le correspondía hacerse cargo de la situación, entender que él o ella no era el problema y dejarse de culpar por las actuaciones de los demás.

También se puede dar el caso en personas narcisistas, por ejemplo. Debido al sentido desmesurado de su propia importancia, generan sentimientos de culpa en las personas de su alrededor por no estar a la altura de ellos y, comúnmente, tienen relaciones conflictivas.


La culpa no es exactamente conciencia de haber hecho daño, sino castigo por no haber estado a la altura de lo que pensamos acerca de nosotros mismos.

Muchas veces, la culpa es tan grande que no podemos con ella y se la pasamos al otro, ya sea a la pareja, a los hijos, a los padres, al amigo… buscando y pensando que el otro cometió un error, que por culpa del otro reaccionamos, dijimos o hicimos algo incorrecto, y eso no es sano.

Cuando sentimos culpa, tendemos a poner en nuestra cabeza pensamientos que están rumiando todo el tiempo sobre sucesos que ya han pasado y que hubiéramos preferido que fueran de otra manera. Esto provoca que no podamos ver la situación con claridad y, probablemente, que el resultado sea que cometamos más errores, por lo que lo mejor, en lugar de hundirnos en la culpa, es perdonarnos, aprender de la situación y transformar esa situación en una fortaleza para seguir adelante.

La culpa, muchas veces, va de la mano con el resentimiento (cuando una persona nos critica o nos trata mal, generamos resentimiento). Cuando esta persona que nos critica y señala nuestras faltas, somos nosotros mismos, se genera la culpa. La culpa está más dirigida a acciones que convertimos en una identidad: algo que hicimos mal, lo convertimos en algo grande que nos marca permanentemente porque reconstruimos la experiencia constante y activamente. Además, si lo asociamos con el resentimiento, lo que sucede es que reconectamos con el pasado continuamente, cuando es un momento que ya pasó, pero lo mantenemos vivo, lo traemos a nuestra mente una y otra vez;. Lo que no vemos es que la vida sigue, que las personas y las situaciones cambian, y que todo sigue en movimiento, pero nosotros nos encaprichamos trayendo a nuestro presente esa situación reviviéndola dentro de nosotros. Lo peor de todo es que, muchas veces, inconscientemente, vamos descartando los recuerdos buenos y los momentos agradables porque nos gana más engancharnos con el momento malo, alimentando la culpa y el resentimiento, en lugar de ir debilitándolos, de darle la vuelta a la hoja y de disfrutar nuestro presente. La culpa no nos permite interpretar de manera objetiva las circunstancias. Es correcto mirar una acción dañina y reconocer que fue un error, pero si sabemos cómo somos, sabemos que no tenemos que quedarnos así para siempre; queremos cambiar, queremos dejar de hacer esto, pero con culpa, estamos marcados permanentemente por la acción y esto impide el crecimiento e impide que corrijamos los errores. La culpa nos mantiene estancados, nos mantiene con una visión de nosotros mismos como incapaces, como los malos, defectuosos y esto es contraproducente; todos tenemos la capacidad de cambiar. En el momento en que reconocemos que cometemos un error y no queremos que se repita, debemos identificarnos con la sabiduría y no con la falta. Necesitamos reconocer que somos capaces de cambiar, que no somos las acciones malas que hemos cometido, permitirnos abrir nuestra mente y salirnos de ese círculo vicioso, y reconocer también todas las acciones buenas que hemos hecho. De la misma manera, se puede manejar el resentimiento, aceptando que, así como nosotros cometemos errores, también los demás cometen errores y, así como nosotros tenemos cualidades, también los demás las tienen al igual que acciones buenas. Es igual que lo que les comentaba en el post del perdón: el resentimiento y la culpa nos desgastan por dentro, por decirlo de alguna manera. Quizá la otra persona a la que le guardamos resentimiento ni siquiera se enteró que nos hizo daño y sigue adelante con su vida, mientras que nosotros seguimos estancados. Permítete ver las cosas desde otro punto de vista y ver lo bueno; busca lo valioso que hay dentro de ti y conecta con esa parte tuya.

He sabido de algunos casos de mamás o papás que se sienten culpables porque sus hijos nacieron con alguna enfermedad genética o con alguna deficiencia y viven toda su vida cargando esta culpa. Si lo vemos objetivamente, no fue algo que decidieron o escogieron como padres; no les preguntaron… no es algo que estaba en sus manos, entonces tienen que soltar esa carga y aceptar la situación, por muy difícil que sea, y hacer lo que esté en sus manos para ayudar a sus hijos con esa enfermedad, pero sin culpa. Además, deben darse la oportunidad de ver las cosas desde otro punto de vista: ¡le han dado la vida a su hij@! ¿Qué mejor regalo que la vida misma? Seguramente eres una excelente madre y/o padre, y eso es en lo que te tienes que enfocar: en el inmenso amor que le das a tu hij@ y lo feliz que es por tenerte como madre y/o padre.

Cómo liberarnos de la culpa:

· Una forma de poder sanar la culpa, es realizando actos bondadosos, ayudar a los demás. Hazlo conscientemente, disfrutando la experiencia, sintiendo esa alegría dentro de ti y conectando con esa sensación.

· Tomar consciencia de cómo la culpa contamina tu vida: cuántas cosas dejas de hacer porque te sientes culpable y cuántas cosas dejas de decir por sentirte culpable. Tomar consciencia y observar la culpa que sentimos y cómo ésta nos afecta en nuestro día a día.

· Hacer un análisis de dónde viene la culpa; quizá viene de nuestra educación, una culpa que viene desde la infancia por cómo se ha utilizado la culpa en nuestra familia.

· Revisar en qué situaciones de tu vida sientes dolor, malestar y sufrimiento porque es muy probable que, detrás de esas situaciones, sientas culpa y que esté unida al miedo.

Una vez que hagas este análisis, te invito a hacer el siguiente ejercicio: toma una hoja de papel y un lápiz, siéntate en un lugar cómodo donde puedas estar sol@, y escribe una lista empezando con la oración:

Me siento culpable con…

Me siento culpable por…

Me siento culpable cuando...

Una vez que hagas las tres listas, léelas, obsérvalas y date cuenta de cuál es tu percepción o interpretación de cada una de esas situaciones; cuál es el juicio que le das, qué castigo te estás imponiendo por esas situaciones; puede ser un castigo emocional, sentirte enojad@ todo el tiempo, reaccionar a la defensiva, etc.

Cuando termines este ejercicio, te invito a que cierres los ojos, respires profundo, te hagas estas preguntas y vayas percibiendo cómo te sientes con cada una de las preguntas. Contéstalas poco a poco, desde lo más profundo de tu ser, conectando con tu interior:

¿Quién sería yo sin culpa?

¿Cómo viviría mi vida si no me sintiera culpable?

¿Cómo me siento al no cargar con la culpa?

¿Qué pasaría si soltara, si me liberara de la culpa?

¿Realmente soy responsable de todas estas situaciones que escribí?

Al terminar, te pido que escribas una nueva lista empezando con la frase:

Si no me sintiera culpable, haría, dejaría, diría, me permitiría...

Conecta con tu poder interior, perdónate, toma el aprendizaje de cada situación y libérate; en ti está.

Espero que te sea de utilidad este post y los ejercicios que propongo aquí. Si te gustó, te agradecería que lo compartas con más personas.

Gracias por ser parte de mi sueño…

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