Cada uno escribe su propia historia

¡Hola!


Me llevó un tiempo pensar en cómo hablar sobre este tema; cómo poder resumir todo lo que involucra la historia de una persona y plasmar en palabras lo importante que fue para mí darme cuenta que yo soy la única escritora de mi historia. Desde el momento que nací y durante mis primeros años de vida, siempre seguí los pasos de mis padres, entré al juego con mis hermanos, adaptándome a un mundo de hombres para poder sentirme parte de, para pertenecer. Después, en la adolescencia, llegaron las amigas y seguí patrones y consejos como me fue llevando el oleaje de la vida, aunque, en muchas ocasiones, no sentí que encajara, pero no le hacía caso a esa voz interna, seguía enfocada en seguir la corriente y ver a dónde me llevaba. En la edad adulta, entré a la universidad y estudié administración de empresas; me llamaban mucho la atención los números, la mercadotecnia y, como mi hermano mayor había estudiado administración de empresas, me pareció buena idea, además que me daban beca desde el principio en esa universidad, por lo que fui y me inscribí. A los 6 meses, ya estaba trabajando y estudiando al mismo tiempo, y así fueron los siguientes 5 años: me despertaba a las 6 am, iba a la universidad, trabajaba, regresaba a la universidad y llegaba a mi casa a las 11 de la noche. Al terminar de estudiar la carrera, llegó un momento en mi vida donde ya no sabía para dónde dirigirme; llevaba muchos años ya trabajando y justo me ofrecieron entrar a una nueva empresa, donde casi me doblaban mi sueldo, pero ya nada me llenaba, me sentía estancada. En esa época, tenía 23 años y no sabía qué hacer con mi vida, así que, un día platicando por teléfono con mi hermano mayor que vivía en Colombia, me dijo que por qué no me iba un tiempo a Colombia para pensar, despejarme un poco y aprovechaba hacerle compañía a mi cuñada que estaba embarazada de mi segundo sobrino. No lo pensé mucho, renuncié a mi trabajo, agarré mis maletas y me fui a Colombia. Estuve en casa de mi hermano aproximadamente un mes y me sirvió mucho para pensar, leer, despejarme, para tener más claro qué quería en mi vida, cómo me veía en 5 años, hacia dónde quería dirigirme y bueno… no les quiero hacer tan cansada la lectura; cuando regresé a México, a los pocos meses conocí al que ahora es mi esposo, empezamos a andar poco tiempo después de conocernos, nos comprometimos al mes y medio de andar y, al año siguiente, nos casamos. Actualmente, tengo 14 años de casada y dejaré para otro post todo lo que he vivido en estos 14 años. Lo que les puedo decir es que tenemos que prender bien las antenas; todas las personas que llegan a nuestra vida es por una razón, todas las circunstancias que se nos presentan tienen un porqué y las tenemos que vivir. En la medida que estemos más atentos a nuestras relaciones, nuestras amistades y nuestras vivencias, más rápido encontraremos el camino tomando el aprendizaje y creciendo.



Mi intención al contarles mi historia, es que al día de hoy, me he dado cuenta de que la vida, muchas veces, me ha prendido focos rojos, me ha gritado y me ha sacudido para que me dé cuenta de que tengo que moverme. Me imagino como si fuera en una lanchita sobre un río y me fuera llevando la corriente, pero yo tengo los remos y si los suelto, no tendré el control sobre a dónde me dirijo. En cambio, si soy consciente que yo tengo el control, por más fuerte que sea la corriente, puedo aprovechar esa fuerza de la corriente para dirigirme hacia donde yo quiera; yo puedo controlar la dirección. Con esto quiero enfatizar la importancia de que cada uno escribe su propia historia. Hasta que no hacemos consciencia, ponemos una pausa, observamos hacia atrás y analizamos nuestro recorrido, no nos damos cuenta de que quizá perdimos el rumbo hace tiempo, que quizá dejamos que la corriente nos llevara, que hemos vivido muchos años culpando a las circunstancias, la familia, la pareja, las situaciones, nuestra realidad, nuestro sentir, que hemos dejado de hacer cosas, que hace mucho tiempo no estamos a gusto con nuestra vida, que no tenemos un hobby, que no nos damos nuestro tiempo, que no somos una prioridad en nuestras vidas porque pasamos tanto tiempo al pendiente del otro, que no nos hemos volteado a ver a nosotros mismos, pero ¿qué creen? Nadie va a escribir nuestra historia, excepto nosotros. Si alguna vez, por alguna circunstancia, le cedimos la pluma a otra persona para escribir nuestra historia, es momento de pedírsela de vuelta, retomar el camino, volver a conectarnos con nuestro cuerpo, escucharlo y retomar el vuelo, tomar los remos y decidir hacia dónde queremos dirigirnos, sin culpas, sin remordimientos, recordando que venimos a hacer felices y que todos tenemos el derecho de serlo. Cuando lo hacemos desde el corazón, te aseguro que, en el momento que empieces a tomar las riendas de tu vida, todo tu alrededor se alegrará porque emanarás alegría, porque te sentirás plen@, porque dejarás de culpar a los demás de lo que te pasa a ti y, por ende, atraerás cosas hermosas a tu vida.


Si tú te encargas de tus alas, el universo se encargará del viento.


Yo, después de 38 años, me di cuenta de que algo me faltaba en la vida, que no me sentía plena, que había algo más que tenía que hacer, que tenía que encontrar mis pasiones, que tengo mucho para dar, pero lo tenía resguardado, hasta que me decidí a estudiar la maestría en inteligencia emocional, a empezar una segunda carrera en psicología, meterme a talleres de ángeles, de sanación cuántica, numerología, constelaciones, entre muchos otros y, trabajando en mí misma, he encontrado un mundo lleno de magia descubriendo mis pasiones; muero por compartir todas las herramientas que he aprendido, todos los procesos que he vivido, cómo he conectando con mis emociones, he descubierto quién soy realmente… Nunca es tarde, toma el pincel y traza tu historia.


¡Gracias por ser parte de mi sueño!

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